Artículo II República Pedro Reig

13 Abr

La Segunda República: Símbolo de aspiraciones.

Abordar la labor de la Segunda República española es una tarea hercúlea para plasmar en unas pocas líneas. Denostada y enaltecida bajo criterios pasionales más que racionales, constituye sin lugar a dudas un periodo político fundamental en nuestra Historia, que aunque corto, intenso, tanto como para que todavía hoy una parte nada desdeñable de los ciudadanos españoles la vean como la última gran causa perdida para la política española, constituyéndose como una referencia, a pesar de haber pasado más de setenta años desde que se le pusiera fin violentamente. La historiografía discute con ahínco sus victorias y errores, en muchos casos con el peso de su nefasto desenlace por una guerra fratricida que asoló nuestro país; en muchos otros alejándose de la pertinente rigurosidad que la Historia exige, para convertirse en simples revisionismos que pretenden tener más un efecto en la realidad política presente que en aclarar o verificar nada.

El desafío de la República comenzó nada más empezar, pues su advenimiento y su consolidación se fundamentaban en poder resolver los problemas profundamente arraigados en la España del momento, cuyas extensas raíces se prolongaban hasta un siglo atrás. El difícil siglo XIX español con todos sus problemas políticos, sociales o económicos se fueron acumulando y arrastrando, desde antes del Sexenio Democrático hasta la dictadura de Primo de Rivera, haciéndose necesario una serie de profundas reformas, quizás por la inexistencia de una verdadera revolución burguesa que rompiese con las estructuras del Antiguo Régimen, como en otros países había ocurrido. En este laberíntico contexto es en el que tuvo que actuar la República.

Más allá de una forma de Estado, la República constituyó un intento por configurar un sistema democrático y la necesaria modernización del país, y así era sentida emocionalmente, pues la adhesión popular mayoritaria al nuevo régimen fue clara. Tanto los valores que constituirían el espíritu de las reformas republicanas, como las personas que serían las encargadas de llevarlas a cabo, representaban una gran solidez intelectual y técnica, y ejemplo de ello fue la Constitución de 1931 reflejando las aspiraciones y compromisos de la izquierda con los graves problemas nacionales.

Sin pretender analizarla, se pueden observar avances político-sociales con hacer un somero repaso a la misma. Se declara una República Democrática asociada a la libertad y a la justicia, como sistema político que dota de contenido al mismo régimen; contempla la cuestión de los nacionalismos y regionalismos mediante un Estado integral, un modelo de organización territorial que dispone al Estado como un complejo orgánico que coordinaba cuerpos autónomos, pero vetando cualquier federalismo, y reservando amplias competencias al Estado para gestionar su territorio. La Constitución republicana aplicaba de forma taxativa la separación de poderes, y las Cortes eran elegidas por sufragio universal directo, siendo ésta la única Cámara existente, atribuyéndole un reglamento propio para evitar abusos del ejecutivo. Se limitaba el poder legislar por decreto, se podía destituir al presidente de la República y apuntaba a formulas de democracia directa como las iniciativas populares de referéndum. La Carta Magna era un verdadero inventario de derechos y libertades ciudadanas, siendo estos inalienables, como sin ir más lejos el derecho de voto para la mujer. El divorcio se contemplaba también como un derecho para ambos sexos y las relaciones entre Iglesia-Estado se establecían bajo un sentido laico contemplando la supresión de las ayudas económicas públicas a la misma, así como un estricto control de las órdenes religiosas; una auténtica separación y una efectiva libertad de cultos.

Las reformas educativas, aumentando los presupuestos a la misma, combatiendo el analfabetismo, bajo la idea de generar una sociedad de valores cívicos, impulsando el sentido crítico y la reflexión o el innegable compromiso con los intelectuales y con la idea de la sociabilización de la cultura, así como la reforma agraria o del Ejército son otros ejemplos de los grandes cambios que la República planteó para dotar a España de una vez por todas de un sistema moderno y de progreso, aspirando a colmar las esperanzas de los más humildes.

El enorme y ambicioso programa de la República se desveló como una tarea ingente, entre otras por el inmenso obstáculo de la derecha más recalcitrante empeñada en hacer fracasar cualquier avance. En todo ello los socialistas fueron activos colaboradores y fue unánime la idea de construir una República para todos los españoles, por ello debemos cuanto menos reconocer los esfuerzos y sacrificios hoy, a pesar del tiempo transcurrido, e incluso asumir aquellas aspiraciones todavía hoy no cumplidas y a las que no debemos renunciar.

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