Artículo Opinión II República Félix García

11 Abr

España, caluroso agosto de 2012. Desde mi ventana intento concentrarme leyendo el periódico mientras de reojo observo por la ventana de mi habitación como el asfalto se derrite bajo el implacable golpeo del sol. De repente, un titular excluye mi atención del infierno que había fuera y me centro completamente en la tinta y el papel. “Varios jóvenes prendieron fuego en el día de ayer a una céntrica Iglesia de Madrid”. Los momentos convulsos propiciados por una crisis económica sin precedentes que había desembocado en una crisis social y política volvían a disparar episodios violentos ya conocidos por la ciudadanía española en épocas anteriores. Inmediatamente se me vino a la cabeza la II República, y todas esas acusaciones que vertían los sectores más reaccionarios de España sobre la misma, los episodios violentos, la quema de Iglesias y la violencia general que propiciaba la República. Entonces llegué a la siguiente reflexión: si se le acusa a la II República de la quema de Iglesias porque durante el periodo republicano hubo episodios (bastantes aislados por cierto) de quema de edificios religiosos, se le debería acusar a la Monarquía Juancarlista de tres cuartos de lo mismo ¿no? Es más, durante las revueltas de la Semana Trágica bajo la Monarquía de Alfonso XIII también hubo quema de Iglesias y otros edificios religiosos ¿por qué entonces no se le acusa a la Monarquía Alfonsina de quemar iglesias?

La República era un régimen democrático, bajo la Constitución de 1931 pudieron gobernar en España partidos de izquierdas, de centro y de derechas. El primer Presidente de la República fue Nieto Alcalá Zamora, un hombre de derechas ¡de derechas! La República era la república de todos y cada uno de los españoles, y ese fue su gran problema. En una época en que España era de unas pocas élites el intento de querer construir un país 100% democrático, garantista, laico y moderno era una aventura muy precipitada. Además el contexto internacional fue el más desfavorable de los posibles y propició que tanto la derecha como la izquierda subiesen el tono de sus intervenciones y proyectos. Asustados además por el avance fascista unos y por el comunista otros, en los dos últimos años los partidos de la época se olvidaron quizá del espíritu democrático que había impulsado el sueño republicano. De ahí que en la hemeroteca podamos encontrar gruesas palabras de miembros del PSOE o comunistas, que hoy jamás entenderíamos y que la derecha siempre usa para atacar o para intentar demostrar que la República era el demonio. Pero la República era lo que era, una Constitución, una democracia, unas libertades, unos partidos, unos proyectos de reforma para un país con un retraso histórico.

No caigáis en la trampa de englobar a la República como un ente homogéneo que trajo el caos y la violencia a España. La República trajo una Constitución democrática y moderna, pero los españoles de entonces por diversos aspectos históricos no supimos gestionar la oportunidad que nos blindo una República que debe ser vista con orgullo por cualquier demócrata, independientemente de que sea de derechas o de izquierdas.

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